Había una vez un pescador que vivía junto al mar con su mujer y su hijo. Una noche de tormenta, la fuerza del mar le arrebató su casa y a su familia. Lo perdió todo. Desesperado, hundió su barca a golpes de hacha. Tomó un remo y se marchó caminando tierra adentro.
En cada pueblo al que llegaba preguntaba “Hola maestro, ¿sabéis qué es esto?”. Y mostraba el remo “Un remo” le respondían.
Y entonces continuaba la marcha más y más hacia el interior, hasta que llegó a un lugar en el que la gente no conocía el mar, ni sabía nada de redes, barcas ni tormentas. Al preguntar en un pueblo, le contestaron: “Es una pala para meter el pan en el horno”.
Y se quedó a vivir allí, intentando rehacer su vida lejos de todo lo que le recordase lo que había perdido.

Como evitación del dolor, la persona en duelo, trata de rehuir lugres, fechas o fiestas señaladas que le recuerdan a la persona fallecida. Una de estas últimas suele ser la época navideña. Momento de (re)encuentro para muchos y de conexión con la ausencia para otros.
Es difícil escapar de una época como esta, ya que por cada rincón se nos recuerda que es Navidad. Aquí lo importante es conectar contigo y preguntarte cómo quieres pasar tú estas fechas. No hay buenas o malas opciones, son simplemente tus elecciones. Escúchate, ¿qué necesitas?.
Si el fallecimiento de tu ser querido es muy reciente, probablemente no tengas ganas de celebración y/o encuentros con muchas personas. Está bien. Escúchate.
Por otro lado, si llevas tempo en duelo, te puede apetecer compartir momentos con ciertas personas o realizar algún ritual específico para recordar a tu ser querido. Está bien. Escúchate.

Lo que sí está comprobado es que si vas elaborando tu duelo, cada año te irá costando menos, el dolor será menos intenso aunque no inexistente. Siempre y cuando te escuches, te preguntes ¿qué necesito? y te lo concedas.
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